Slow Food es la respuesta de vanguardia
a los efectos degradantes de la cultura de la comida industrial y
rápida -fast food- que estandariza las técnicas de producción
y la oferta de productos, nivelando y homogeneizando los sabores y
los gustos.
La resistencia a la instalación del primer local de McDonald's
en la Plaza España de Roma fue el comienzo de un movimiento
que se formalizó en diciembre de 1989 en una reunión
en la Opera Comique de París, en la que participaron representantes
de diferentes países. Esta organización no gubernamental
internacional, cuya sede se encuentra en la ciudad de Bra, al
noroeste de Italia, continúa su sostenido crecimiento al punto
de tener hoy más de 80 mil miembros distribuidos en más
de 100 países, organizados en grupos territoriales llamados
"conviviums". De los más de 750 existentes en el
mundo, 7 desarrollan sus actividades
en Argentina.
Slow Food promueve una nueva cultura del placer basada en la
lentitud, el conocimiento, la hospitalidad y la solidaridad. Sus objetivos
son claros: reencontrar el placer de la buena mesa, incentivar la
buena gastronomía y el buen vino, y propiciar la educación
de los sentidos para redescubrir la riqueza de los aromas y los sabores.
Protege la biodiversidad profundamente amenazada por el uso
de agroquímicos, agrotóxicos y transgénicos,
apoyando y promoviendo la producción orgánica.
Intenta impedir la desaparición de alimentos y sistemas de
producción artesanal, favoreciendo el desarrollo de innumerables
microeconomías de regiones marginales.
Enfrenta la estandarización de la comida y los sabores artificiales
de una cultura que impone el consumo a la vez que el empobrecimiento
de los sentidos.
Pero Slow Food no se queda en ideales abstractos, ya que propone
acciones concretas:
Organiza los Laboratorios del Gusto, en donde se profundiza
sobre la calidad de los distintos alimentos y métodos de elaboración.
Desarrolla Programas
de Educación del Gusto para adultos y niños.
Por medio del Arca del Gusto, Slow Food busca encontrar, catalogar
y dar a conocer sabores olvidados y tesoros alimentarios amenazados.
Por todo lo anteriormente dicho, el símbolo de la entidad no
podía ser otro que un caracol. Como señala Carlo
Petrini, presidente del movimiento:
"Emblema de la lentitud, este animal cosmopolita y prudente es
un amuleto contra la velocidad, la exasperación, la distracción
del hombre demasiado impaciente para sentir y gustar, ávido
para recordar lo que recién ha terminado de devorar".
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"Agricultores Artesanos Artistas: ATriple”
Grandes Vinos que emocionan
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